@GameOfThrones finaliza como una de las mejores series de la cultura popular √


Escena del episodio 6 de la temporada 8 de “Game of Thrones” (2019). / Imagen cortesía HBO

Tras una carrera de 8 temporadas, entre los años 2011 y 2019 (no se produjo en el 2018), llegó a su final la más reciente serie de televisión que marcó tendencia en la cultura popular mundial, con elevados niveles de calidad en su producción general. Me refiero a Game of Thrones, producción de HBO que se hizo en sociedad con Television 360, Grok! Studio, Generator Entertainment y Bighead Littlehead.

Basada en el ciclo de novelas, aún inconclusas, “A Song of Ice and Fire”, de George R.R. Martin, Game of Thrones es adaptada a la TV por David Benioff y D.B. Weiss, quienes escribieron junto a Martin y 6 más los 73 episodios que componen toda la serie. Los demás escritores son Dave Hill (14), Bryan Cogman (11), Gursimran Sandhu (5), Ethan J. Antonucci (4), Vanessa Taylor (3) y Jane Espenson (1).

Kit Harrington, Jacob Anderson y Liam Cunningham en “Game of Thrones” (Ep. 6, T. 8, 2019). / Imagen via HBO

Weis y Benioff también se involucraron como directores al fungir como tales en 3 episodios cada uno. Junto a ellos, 17 veteranos realizadores compartieron los créditos de los 73 episodios producidos. Ellos son: David Nutter (9), Alan Taylor (7), Alex Graves (6), Miguel Sapochnik (6), Mark Mylod (6), Jeremy Podeswa (6), Daniel Minahan (5), Alik Sakharov (4), Michelle MacLaren (4), Brian Kirk (3), Timothy Van Patten (2), Neil Marshall (2), David Petrarca (2), Michael Slovis (2), Jack Bender (2), Daniel Sackheim (2) y Matt Shakman (2).

Ganadora de 1 Golden Globe Award y varios premios Emmy, entre otros galardones, Game of Thrones también representó una gran plataforma al estrellado para varios de sus protagonistas, además de solidificar la carrera de una apreciable cantidad de actores ya conocidos. Mientras para algunos fue una gran prueba que demostró sus grandes capacidades para desdoblarse, para varios de ellos será un reto grande demostrar que su valía como actores va más allá de los populares papeles interpretados en esa producción.

Peter Dinklage en “Game of Thrones” (Ep. 6, T. 8, 2019). / Imagen via HBO

Los Actores

En su gran mayoría, el elenco hizo un trabajo muy destacado, con estelares, secundarios e invitados que evidenciaba el cuidado especial mostrado por la dirección de escena (punto extensivo para la dirección de arte, vestuario, musicalización, maquillaje y casting).

Durante esta serie Maisie Williams (Arya), Sophie Turner (Sansa) y Isaac Hempstead Wright (Bran) pasaron de la niñez a la adultez. Estos actores provenientes del Reino Unido, que lograron empatía instantánea con los televidentes, ahora tienen el reto de hacer trabajos que los alejen del encasillamiento de los personajes que interpretaron.

Lena Headey y Nikolaj Coster-Waldau en “Game of Thrones” (Ep. 5, T.8, 2019). / Imagen via HBO

Todos los estelares principales hicieron un trabajo más que destacable, pero es necesario resaltar que Peter Dinklage (Tyrion), Lena Headey (Cercei), Nikolaj Coster-Waldau (Jaime) y Michelle Fairley (Catelin) y Sean Bean (Ned) lograron fácilmente convencer con sus roles, con caracterizaciones tan marcadas que de manera casi instantánea lograron una conexión con los televidentes. Duelos de actuaciones evidenciaron el calibre de sus buenas cualidades histriónicas.

Los roles secundarios fueron tan bien asimilados, que si los principales se descuidaban, fácilmente pudieron ser opacados por estas caracterizaciones. Entre estos destacados figuran: Iain Glen (Jorah), Conleth Hill (Lord Varis), Liam Cunningham (Davos), Aidan Gillen (Littlefinger), Rory McCann (Clegane), Charles Dance (Tywin), Stephen Dillane (Stannis) y Jerome Flynn (Bron).

Además de los papeles estelares de Kit Harington (Jon Snow) y Emilia Clarke (Daenerys), entre otros actores con trabajos convincentes en la serie, figuran: Alfie Allen (Theon), Gwendoline Christie (Brienne), Nathalie Emmanuel (Missandei), Kristofer Hivju (Tormound), Richard Madden (Robb), Iwan Rheon (Ramsay), Jack Gleeson (Joffrey), Natalie Dormer (Margaery), Carice van Houten (Melissandre), Diana Rigg (Olenna), Rose Leslie (Ygrite), Gemma Whelan (Yara), Donald Sumpter (Luwin),  Peter Vaughan (Maestre Aemon), y más.

Kit Harrington, Sophie Turner, Maissie Williams e Isaac Hempstead Wright en “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

Crítica

Una gran protagonista silente a lo largo de toda la serie fue su impecable fotografía, hecha por un equipo de 15 profesionales que lograron como corresponde la ambientación requerida en el guión y por sus directores. Tomas panorámicas y de diferentes planos se encargaron de resaltar de la manera más natural y artística, cada locación que ameritaba reflejar las zonas frías, áridas y húmedas.

Al ritmo de la buena musicalización de Ramin Djawadi (que ha trabajado en varios filmes con Hans Zimmer), las exóticas, sombrías y glamurosas locaciones de Game of Thrones fueron filmadas en Croacia, Islandia, Marruecos, Malta, Irlanda, España, Escocia y Los Ángeles.

Escena de “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

Game of Thrones deja un legado innegable en la industria del entretenimiento, estableciendo parámetros para considerar en todo el sentido de la palabra. Con toques de elegancia, domina códigos de apreciación que abarca casi todas las preferencias, generando focos de interés en la intriga, suspenso, acción y aventura.

No importa que se trata de una serie de carácter épico ( elemento mayormente explotado de manera ascendente en las últimas 5 temporadas) o con trasfondo fantasioso que da cabida a la mitología estilo medieval o místico, esta es una serie que se toma muy en serio la política como medio fundamental para lograr el poder, aunque eso implique recurrir a los métodos más ruines e inescrupulosos.

Maisie Williams en “Game of Thrones” (Ep. 5, T.8, 2019). / Imagen via HBO

También es una producción con una coctelera de elementos que nos habla de la redención, la venganza, la lealtad-traición, conspiración, el amor y honestidad, la lujuria y la violencia, entre otros sentimientos que tienen como común denominador: las consecuencias directas e indirectas por tener el control del trono que rige a los Siete Reinos.

Todos estos aspectos fueron producidos bajo los más pretenciosos estándares de calidad cinematográfica, complaciendo de esta manera los requerimientos exigentes de una cadena network premium que invierte lo necesario para mantener su liderazgo en el área de la producción y distribución de cable a nivel global. De hecho, con esta serie se creó precedentes que igualan y superan en ocasiones técnicas que antes sólo eran exclusivas para la pantalla grande.

Técnicas que animación CGI y largas batallas épicas son tan sólo algunos detalles que alternan con su argumento melodramático, para convertirla en una propuesta que escapa por mucho de lo rutinario o regular. A esto se agrega su peculiar puesta en escena, donde lo gráfico en violencia y sexualidad rápidamente la hizo merecedora de un lugar especial.

Gwendoline Christie, Jerome Flynn, Peter Dinklage, Liam Cunningham, John Bradley e Isaac Hempstead Wright en “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

Desenlace

En el mismo momento de inicio, donde vemos lo que acontece con el primer avistamiento de los muertos reanimados y representantes de la Guardia Nocturna, se entendió que sería una serie mística concentrada en tener una alta dosis de “realismo” en su puesta en escena, lo que para todos llega a un momento clímax cuando en el episodio “Baelor”, penúltimo de la temporada 1, vemos de manera atónita lo que acontece con Ned Stark (Sean Bean). En ese mismo instante se sentó la base de un nuevo concepto argumental en series dramáticas, donde no te puedes encariñar con ningún personaje, ni siquiera en el o la protagonista, ya que en el momento menos esperado tiene un final radical.

Los diversos arcos argumentales que se desprenden de las novelas de George R.R. Martin, donde impera una gran diversidad de personajes que están relacionados con las poderosas familias que dominan Westeros y afines (Casas Targaryen, Lannister, Stark, Martell, Barattheon, Tyrell, Mormont y Tully), permitió a los escritores crear continuas y dinámicas historias que lograron crear una simpatía ascendente con los posteriores fans. Son precisamente esos fans, respaldados por las novelas de Martin,  los que a partir de la segunda temporada inciden de alguna manera en las decisiones del equipo de productores y escritores de la serie.

Emilia Clarke en “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

No obstante a lo que querían ver los fans, la producción seguía en un 90% lo plasmado en las novelas A Song of Fire and Ice, cuya saga es más conocida por tener personajes complejos, cambios de trama violentos y repentinos, e intrigas políticas bien desarrolladas. Pese a satisfacer y aumentar el gusto de los fans, estos siempre demandaban cada vez más al no poder acertar en la mayoría de sus predicciones. Es muy difícil complacer a fans que están sesgados por ver materializar lo que ellos entienden debe ser lo que corresponde.

En ese sentido, y en la medida que Martin se alejaba cada vez más de la asesoría que inicialmente daba a los productores de Game of Thrones, la serie comenzó a tener una vida en desarrollo un poco más allá de las novelas, con nuevas exploraciones, creaciones de situaciones y nuevos personajes más enfocados al marketing y a saciar parte del gusto de los fans (aunque siempre se mantuvo los lineamientos de las novelas).

Maisie Williams, Isaac Hempstead Wright y Sophie Turner en “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

La temporada 8 de Game of Thrones, vio cómo su producción fue tan intensa y cuidada, que ameritó un año sabático ante nuevos estrenos, regresando en el 2019 con 6 episodios con duraciones por encima de lo visto en las temporadas anteriores. Con David Benioff y D.B. Weiss liderando los guiones de los 6 episodios de la temporada final, los primeros cuatro episodios fueron matizados por un tono acelerado que comenzaba a poner en orden todo lo que había tardado años, siendo el episodio más ovacionado The Long Night, tercer episodio que con una duración de 1 hora y 22 minutos, mostró la secuencia de batalla épica jamás filmada para el cine y TV, y puso fin a una de las amenazas más temidas desde el inicio de toda la serie (esto, independientemente del permanente tono oscuro que dificultó una mejor visualización).

Aunque hubo inconformidades aisladas, The Long Night fue bien recibida por la mayoría de crítica especializada y fans. Se filmó durante 55 frías noches consecutivas, con 750 extras y con un costo de US$ 15 millones.

Escena de “Game of Thrones” (Ep.5, T.8, 2019). / Imagen via HBO

La emisión del episodio final de GOT logró batir su propio récord al ser visto en vivo por 13.6 millones de suscriptores en Estados Unidos. Esa cantidad asciende a 19.3 millones al sumarse las repeticiones y transmisiones tempranas hechas el domingo 19 de mayo.

El máximo anterior para GOT fue establecido por el  penúltimo episodio  el 12 de mayo, que logró 12.48 millones de espectadores para su estreno y un total de la primera noche de 18.4 millones.

La temporada final ha registrado cinco de los seis episodios más vistos en la historia de Game of Thrones. Con transmisión continua, DVR y visualización bajo demanda y repeticiones adicionales, HBO dice que la octava temporada promedia 44.2 millones de espectadores hasta el domingo. Eso es más de 10 millones de personas por encima del promedio de la séptima temporada (que hasta momento era la más vista).

Kit Harington en “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

Conclusiones

El penúltimo episodio, The Bells, el número 50 escrito por Benioff y Weiss, mostró reacciones encontradas, ya que si bien la cronología de la historia predecía el abrupto ataque premeditado de Daenerys y Drogon sobre Kings Landing, muchos fans entendieron que era inapropiado. Las consecuencias de esta acción por parte de la reina Targaryen fueron determinantes para lo que eventualmente aconteció en el episodio final, The Iron Throne, donde lo inesperado primó, en plena consonancia a lo que ya venía sucediendo.

Cada uno de sus protagonistas sobrevivientes tuvieron un final que les hacía justicia, tomando en cuenta todo lo acaecido previamente. Cada uno quedó en el umbral de lo que serán las condiciones de sus respectivas vidas, llenas de incertidumbre, retos y redención. Todo preparado como para eventuales secuelas a largo plazo, pero que por ahora no está en el ánimo de ninguno de los involucrados.

Alfie Allen en “Game of Thrones” (Ep.3, T.8, 2019) / Imagen via HBO

Ciertamente pudo haber mayor coherencia en el tratamiento de la mayoría de los personajes centrales, ya que lució acelerado en su desenlace (en comparación con el tratamiento general mostrado a lo largo de los años), pero lo acontecido con sus protagonistas es lógico tomando en cuenta el comportamiento mostrado en las últimas temporadas. Muchos fans mostraron su frustración (incluidos los casi 500 mil que firmaron para que HBO rehaga por completo la temporada 8), pero su atípico final era algo que se veía venir desde hace mucho tiempo.
Guste o no, Game of Thrones es una producción con carácter de fenómeno televisivo, con logros que serán muy difíciles de igualar o superar. Su hueco será tal, que desde hace más de un año HBO está evaluando varios proyectos que fungirán como precuelas de todo lo acontecido en GOT, donde se verían los orígenes de personajes, casas y misterios que rigen lo tratado en las novelas de George R.R. Martin.

@GameOfThrones #GameofThrones #GoTS8 @HBO

Escena de “Game of Thrones” (Ep.6, T.8, 2019). / Imagen via HBO

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