Escena de “The Predator” (2018). / Imagen via 20th Century Fox

The Predator (2018) es un claro ejemplo de por qué es mejor no hacer secuelas si no se tiene un real sentimiento de respeto a la obra original, y con ello, a los fanáticos de la saga por explotar. El sólo hecho de hacer la continuación de una película exitosa no debe condicionarse a complacer caprichos de directores, productores, estudio o fanáticos, ya que debe tener por lo menos la esencia básica dejada en la industria por la película original.

En el caso de The Predator, vemos cómo su director y escritor Shane Black se limita a realizar una caricatura del Predator en el que actuó como secundario en el 1987. La atmósfera de suspenso creada por John McTiernan, la original historia y trama creada por los hermanos Jim Thomas y John Thomas, así como el eficiente manejo de la testosterona masculina en esta película ochentera (recurso ampliamente explotado en las películas de acción de esa época), son satirizadas fallidamente en esta producción de 20th Century Fox.

Escenas que no aportan nada a la trama narrada, chistes fuera de lugar, errores de secuencias, incoherencias argumentales y caracterizaciones que nos remontan a teleseries clasificación B, son tan sólo algunos de los detalles negativos de esta producción que costó 88 millones de dólares y que recaudó globalmente poco más de $160.5 millones. De hecho, a nivel de críticas, entre tantas negativas, Rotten Tomatoes fue un poco benevolente al otorgarle un 32%.

Escena de “The Predator” (2018). / Imagen via 20th Century Fox

El único aporte que contribuye a la nostalgia de los fanáticos de la película original es la inconfundible banda sonora de Alan Silvestri, la que por momentos se deja sentir entre exagerados diseños de producción, saltos ilógicos en edición, y efectos visuales que no están a la altura de una producción millonaria.

Boyd Holbrook y Olivia Munn son las principales estrellas de esta película, la que co-protagonizan Jacob Tremblay, Sterling K. Brown, Keegan-Michael Key, Trevante Rhodes, Alfie Allen, Augusto Aguilera y un decadente Thomas Jane. También actúa con una desafortunada intervención Jake Busey, interpretando al científico hijo del desaparecido agente Peter Kayes de Predator 2 (1990), interpretado por su padre en la vida real Gary Busey.

Sectores atribuyen a las constantes intromisiones de los ejecutivos de 20th Century Fox el pobre resultado final logrado por esta película, ya que en varias oportunidades hicieron cambiar los planes que tenía Black para la producción, a quien obligaron a realizar varias filmaciones adicionales que evidenciaron diferentes problemas en la post-producción. 

Otro suceso que se suma la campaña negativa de la película surgió cuando en plena gira promocional, su estrella Olivia Munn denunció que uno de sus compañeros secundarios tenía antecedentes criminales por intentar tener relaciones sexuales con una niña de 14 años (por lo que cumplió una condena de 6 meses en prisión). Ella logró hacer que se eliminaran todas las escenas en las que actuaba Steven Wilder Striegel, pero se quejó de que no recibió el apoyo que esperaba de sus compañeros de reparto y producción.

Trevante Rhodes, Olivia Munn y Boyd Holbrook en “The Predator” (2018). / Imagen via 20th Century Fox

Pese a recuperar su inversión, incluso con margen de ganancias, The Predator representa una estocada mortal para una saga que tenía cifrada en ella su esperanza de resurgimiento, panes estos previamente depositados en la también fallida Predators que hizo en el 2010 Nimród Antal (producida con $40 millones y recaudadora mundial de $127.2 millones). En ambos casos no hubo pérdidas directa de la inversión, pero la poca aceptación popular y mediocres críticas estropearon los planes millonarios de levantar una franquicia popular de la cultura pop.

La suerte del concepto Predator es muy similar al de su colega extraterrestre Alien (ambos protagonistas en combinación de las también poco acertadas Alien vs. Predator de 2004 y Alien vs. Predator – Requiem de 2007), ya que fuera del Aliens que James Cameron hizo en 1986, ninguna otra de las secuelas logró satisfacer las expectativas de los fans y la crítica.

También como acontece en la saga de The Terminator (que igualmente tuvo una segunda parte exitosa con Judgment Day, también dirigida por Cameron en 1991), las películas de Predator tienen como principal obstáculo la omnipresente presencia de la nostalgia que generan las películas originales. Son producciones con tantos aportes a la industria fílmica, que cada secuela a seguir pasan prácticamente desapercibidas si no tienen niveles de exigencias similares. 

La generación actual verá en The Predator una película ligera de acción y humor poco pretenciosa o para simplemente pasar el rato, pero los que seguimos cada película desde el nacimiento de la original, vemos el punto más bajo en una saga que mereció tener mejor suerte, pero cuya primera entrega siempre estará en la preferencia de un público de culto.

#ThePredator #ThePredatorMovie

Escena de “The Predator” (2018). / Imagen via 20th Century Fox

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s